Erase una vez una mujer llamada Carmen que
tenía una familia. El padre se llamaba Juan y los dos niños; María y Rubén.
La familia estaba muy unida. Los padres
trabajaban de mañana y se dedicaban por las tardes a ayudar a sus hijos con el
colegio y a cuidarlos.
Los domingos pasaban toda la tarde juntos.
Jugaban a juegos, veían películas y comían palomitas.
Un día los padres llevaban, como habitualmente
hacían, al colegio a sus hijos y se fueron a trabajar. A la vuelta cuando se
juntaron todos para comer, algo en la niña, María, había cambiado. Algo le
pasaba, no era ella. María cada día escribía en su diario las cosas que le ocurrían
durante el día, ese mismo día, la niña, escribió tres páginas hablando sobre un
chico que se dedicaba a espiarla y a seguirla durante todo el día, las 24
horas. María ya tenía pánico a salir de casa por si aquel hombre le espiaba.
La niña empezó a irse sola al colegio con su
hermano Rubén porque los padres entraban a trabajar dos horas antes de lo
habitual.
El fin de semana, la niña salió con sus amigas
a dar una vuelta. Cuando volvía a casa el chico aquel iba en un coche, se paró,
la miró y salió detrás de ella. María se dio cuenta y se echo a correr, el
miedo se apoderaba de la niña. La cogió, la agarro de las manos, y la metió en
aquel coche gris.
La madre llegó a casa. Se dio cuenta de que la
niña no estaba y no habia venido a su hora, como de costumbre.
La madre empezó a preocuparse. Llamo a todas
las amigas de María, y todas contestaron que no la habían visto, que se fue y
ya no sabían nada mas de ella. La madre llamó a la policía. Cuando llegó el
padre, Juan, se enteró de aquella noticia y se puso muy nervioso, tal y como
Carmen.
La buscaron durante horas incluso días, y aun
así no hubo ni rastro. ¿Y si la habían matado ya? ¿Y si no la iban a ver nunca
más? La madre aún así no perdió la esperanza.
Un día recibió una carta diciendo que la niña
estaba viva y que solo deberían dejar dinero al lado de un cine, también la
carta añadía la hora y la fecha exacta de la entrega.
La madre, hizo todo lo que estuvo en sus
manos. Vendió joyas, pidió créditos, también se ayudo con los ahorros que tenían
guardados..
La familia quedó con aquel hombre en aquella
dirección. La madre fue astuta y llamo a la policía para estar alerta de los
pasos que daba el secuestrador. Cuando ya tuvieron a la niña entre sus brazos
salieron miles de coches detrás del secuestrados y consiguieron detenerle.
La madre hablo con el.
-¡¿Tu sabes como es pasar tanto miedo por la
perdida de mi hija?! ¡¿Crees que alguien se merece pasar ese disgusto?! Yo creo
que no se lo merece nadie, ni yo ni nadie.
La niña agradeció a su madre todo lo que habia
hecho por ella, y poco a poco, la familia, fue olvidando aquel trágico
disgusto. Pero aún así algo quedaba.
Jennifer
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