domingo, 2 de junio de 2013

El amor de una madre puede con todo.


Erase una vez una mujer llamada Carmen que tenía una familia. El padre se llamaba Juan y los dos niños; María y Rubén.
La familia estaba muy unida. Los padres trabajaban de mañana y se dedicaban por las tardes a ayudar a sus hijos con el colegio y a cuidarlos.
Los domingos pasaban toda la tarde juntos. Jugaban a juegos, veían películas y comían palomitas.
Un día los padres llevaban, como habitualmente hacían, al colegio a sus hijos y se fueron a trabajar. A la vuelta cuando se juntaron todos para comer, algo en la niña, María, había cambiado. Algo le pasaba, no era ella. María cada día escribía en su diario las cosas que le ocurrían durante el día, ese mismo día, la niña, escribió tres páginas hablando sobre un chico que se dedicaba a espiarla y a seguirla durante todo el día, las 24 horas. María ya tenía pánico a salir de casa por si aquel hombre le espiaba.
La niña empezó a irse sola al colegio con su hermano Rubén porque los padres entraban a trabajar dos horas antes de lo habitual.
El fin de semana, la niña salió con sus amigas a dar una vuelta. Cuando volvía a casa el chico aquel iba en un coche, se paró, la miró y salió detrás de ella. María se dio cuenta y se echo a correr, el miedo se apoderaba de la niña. La cogió, la agarro de las manos, y la metió en aquel coche gris.
La madre llegó a casa. Se dio cuenta de que la niña no estaba y no habia venido a su hora, como de costumbre.
La madre empezó a preocuparse. Llamo a todas las amigas de María, y todas contestaron que no la habían visto, que se fue y ya no sabían nada mas de ella. La madre llamó a la policía. Cuando llegó el padre, Juan, se enteró de aquella noticia y se puso muy nervioso, tal y como Carmen.
La buscaron durante horas incluso días, y aun así no hubo ni rastro. ¿Y si la habían matado ya? ¿Y si no la iban a ver nunca más? La madre aún así no perdió la esperanza.
Un día recibió una carta diciendo que la niña estaba viva y que solo deberían dejar dinero al lado de un cine, también la carta añadía la hora y la fecha exacta de la entrega.
La madre, hizo todo lo que estuvo en sus manos. Vendió joyas, pidió créditos, también se ayudo con los ahorros que tenían guardados..
La familia quedó con aquel hombre en aquella dirección. La madre fue astuta y llamo a la policía para estar alerta de los pasos que daba el secuestrador. Cuando ya tuvieron a la niña entre sus brazos salieron miles de coches detrás del secuestrados y consiguieron detenerle.
La madre hablo con el.
-¡¿Tu sabes como es pasar tanto miedo por la perdida de mi hija?! ¡¿Crees que alguien se merece pasar ese disgusto?! Yo creo que no se lo merece nadie, ni yo ni nadie.
La niña agradeció a su madre todo lo que habia hecho por ella, y poco a poco, la familia, fue olvidando aquel trágico disgusto. Pero aún así algo quedaba.


Jennifer

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